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Golf y Salud

Golf y Salud
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Desde su constitución a mediados del pasado siglo, la OMS (Organización Mundial de la Salud) define la salud como «un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de afecciones o enfermedades».
Es un hecho consensuado que, desde un punto biológico, la práctica de cualquier ejercicio físico tiene un efecto beneficioso sobre la salud, y en este sentido la propia OMS recomienda la elección de un deporte de intensidad mayor o menor, en función del estado y la edad de cada persona.

Ciñéndonos exactamente a nuestra pasión por el swing, sabemos de antemano que, tratándose de un deporte de baja intensidad, es posible e incluso recomendable practicarlo a cualquier edad: en un recorrido de nueve hoyos a pie, el deportista consume entre 600 y 800 kilocalorías aproximadamente, y una práctica regular (jugando de dos a cuatro veces por semana) ha demostrado tener un efecto preventivo en el sobrepeso y la obesidad, con lo que se habrá reducido la incidencia de enfermedades metabólicas como la diabetes y las dislipemias (alteración de las grasas en sangre). Por lo tanto, el efecto preventivo del golf es claro ante enfermedades cardiovasculares e incluso en la prevención del cáncer, especialmente de colon y mama.
En un recorrido de 18 hoyos, atendiendo a la pericia en seguir el perfil del campo, lo que a veces resulta harto difícil sobretodo para los jugadores de hándicaps medio-altos, un jugador recorre entre 6 y 10 kilómetros.
Un reciente estudio del Karolinska Institutet (Suecia) ha demostrado que, a igualdad de edad, sexo y estatus social, la esperanza de vida de un golfista que practique regularmente es un 40% superior a la de una persona sedentaria.
Por otra parte, el golf facilita la mejora de nuestro tono y fuerza muscular, tanto de tren inferior como superior (espalda, tórax o abdominales), puesto que en la práctica del swing están implicados más de 120 músculos. Entre otras ventajas de nuestro deporte, anotemos que facilita el equilibrio, la coordinación y flexibilidad.
El hecho de ser un ejercicio asimétrico hace recomendable compensarlo con calentamiento y estiramientos.
En cuanto al nivel de actividad, es conveniente una buena adaptación a nuestro estado personal de forma y evaluación previa, como en cualquier otro deporte, así como la preparación y adaptación en el campo psicológico.
El progreso que experimentamos en nuestra condición física mejora también la autoestima del jugador. Y al aliciente de jugar al aire libre en contacto con la naturaleza, el golf añade los beneficios de la desconexión, concentración y relajación, por lo que actúa automáticamente contra los inconvenientes del stress.
A la práctica individual, el ejercicio completo del golf une su condición de deporte social, en que la complicidad del juego entre compañeros es un elemento que todos sabemos valorar
Las horas dedicadas a seguir un recorrido activo con la mayor y más natural deportividad, siguiendo unas reglas aceptadas por todos y siendo nosotros nuestros propios jueces, lo que a edades tempranas ayuda a acrecentar valores que frecuentemente se pierden en otros deportes, son otro de los atractivos exclusivos de nuestro deporte.
Pero también lo es la concentración, el análisis y la estrategia que requiere su práctica: gracias a ello, nos sentimos invitados a mantener activa y despierta nuestra mente. Mens sana in corpore sano, reza la sabiduría clásica, y podríamos pensar si aquella máxima no presagiaba ya las virtudes del golf.

Beneficio social
Si hay un deporte social por excelencia, ese es el golf, que nos invita al movimiento, el paseo y el ejercicio, sin aislar un elemento de otro, en persecución de la bola que nos atrapa y que perseguiremos hasta situarla en cada hoyo. Con afán competitivo o de simple recreo, el golf nos ofrece estas características y abre también la puerta al diálogo, el comentario y la imaginación compartida con quien, a nuestro lado, nos acompaña en el trayecto. Complicidad y camaradería.
Es camaradería la muestra de respeto que es establece entre jugadores a través de nuestra actitud mientras juega el otro, como lo es buscar esa bola que, sin entender por qué, siempre se esconde en el sitio más inverosímil, o el alegrarnos de un buen golpe del «contrario». Gracias a la distensión proporcionada por un juego en plena naturaleza, nuestra relación con los demás se abre y ensancha.
La Federación Balear, con la promoción de competiciones, eventos y circuitos donde poder coincidir con otros jugadores que, al terminar, suelen reunirse en comidas y agradables sobremesas, es favorecedora de este bienestar social tan propicio y necesario en una vida que transcurre rápida y a menudo víctima del frenesí.
Si somos capaces de minimizar los efectos adversos que se pueden derivar de la práctica de este deporte, como de cualquier otro –sean lesiones estirando y calentando, reforzando la musculatura y corrigiendo la asimetría de movimiento con ejercicios que lo compensen; evitando la sobreexposición solar gracias a las sombras durante el recorrido y utilizando protectores solares, evitando golpes de calor sobre todo en los meses de verano, siguiendo unos pautas higiénico preventivas en cuanto a hidratación y nutrición durante el ejercicio–, habremos conseguido más de lo que puede esperarse de un simple deporte: alcanzaremos un grado de bienestar físico y emocional, de tranquilidad y de mejora gradual de nuestro cuerpo y nuestra mente.
Es lo que, sin dudarlo un momento, puede afirmar un médico que juega a golf, y es lo mismo que cualquiera que haya entrado en este deporte recomendará a quienes desea lo mejor.

Hagamos de nuestro deporte un auténtico «swing de la salud»!